Medio ambiente

Toda forma de vida en la Tierra es parte de un todo; de un sistema interdependiente, complejo y diverso integrado por multitud de seres y elementos.

La vida en nuestro planeta tiene su origen en el agua. Los mares y océanos son la esencia que permite la vida en el planeta. Cubren más de las dos terceras partes de la superficie terrestre y desempeñan un papel crucial en el ciclo hidrológico, en la química atmosférica y en el comportamiento del clima. Los ecosistemas marinos tienen un papel esencial en la absorción de CO2 , en la transformación de materia orgánica, en la generación de biomasa y en la creación de biodiversidad terrestre (bosques y praderas litorales). La biodiversidad que genera los ecosistemas marinos es también imprescindible para la supervivencia de millones de seres humanos que habitan en sus proximidades.

 

 

(foto: Luis Legarda)

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Metabolización del agua de mar en vegetal (foto: Luis Legarda)
Metabolización del agua de mar en vegetal
Vegetación frondosa ecosistema marino
Vegetación frondosa ecosistema marino

 

La crisis ecológica que vivimos a nivel mundial, es cada vez más aguda, debido principalmente a la sobreexplotación de los recursos naturales. Su impacto negativo es especialmente grave en los países y territorios más desfavorecidos, donde las consecuencias directas e indirectas de los desequilibrios ecológicos suelen ser mayores, al igual que ocurre con los generados por el cambio climático, la desertificación y la pérdida de biodiversidad; todo lo cual provoca mayores temperaturas, cambios en los patrones de precipitaciones, incremento de las tierras desérticas, un aumento del nivel del mar y fenómenos meteorológicos más frecuentes y extremos. Como resultado de todo ello, la agricultura se ve gravemente afectada en muchas zonas del planeta y, a partir de ahí, el suministro de alimentos también.

Propuesta:

Frente al escenario descrito, el agua de mar puede revertir algunos de estos procesos, debido a su gran potencial equilibrador y generador de biodiversidad.
Los ecosistemas litorales, en los que abunda la vegetación halófita, son ejemplos claros de hábitats, de los cuales debemos aprender tratando de conservarlos, mejorarlos y replicarlos.

Ecosistema costero. Centro América.
Ecosistema costero. Centro América.
Ecosistema costero. Centro África.
Ecosistema costero. Centro África.
Ecosistema costero. Sur asiático.
Ecosistema costero. Sur asiático.
Ecosistema costero. Norte europeo.
Ecosistema costero. Norte europeo.
En ese medio, la vegetación autóctona halófita vive en perfecta armonía con su entorno.
Manglar autóctono costa Senegal
Manglar autóctono costa Senegal.
Recuperación suelos salinos. Repoblación Mangle
Recuperación suelos salinos. Repoblación Mangle.
Como ejemplo de planta halófita, el manglar, constituye un ecosistema irreemplazable y único, que se cuenta entre los más productivos del mundo. Sus raíces y ramas forman un entramado, que además de servir como habitad a multitud de especies animales (peces, moluscos, crustáceos, aves), tan importantes para la alimentación humana y animal, protegen contra la erosión costera derivada del oleaje y las mareas. Atenúan además los efectos del cambio climático no sólo por ser fijadores de CO2, sino porque además inmovilizan sedimentos ricos en materia orgánica, y atrapan contaminantes, compuestos orgánicos tóxicos persistentes y metales pesados.

Otros ejemplos de plantas halófitas que habitan en ecosistemas marinos son las salicornias o portulacáceas, importantísimas para la producción de alimento humano y animal. Gracias a su resistencia, pueden repoblar zonas extremadamente áridas, en las que anteriormente había habido vegetación pero que poco a poco se fueron desforestando a causa de la actividad humana.

Degradación suelos, pastoreo intensivo.
Degradación suelos, pastoreo intensivo.
Inicio recuperación suelos con portulacacia.
Inicio recuperación suelos con portulacacia.
Existe una gran variedad de plantas halófitas en el mundo, por lo que hay muchas posibilidades de utilizar diferentes especies según los hábitats. Algunas de estas especies son bien conocidas, estudiadas y utilizadas pero hay muchísimas otras de las que se puede plantear su uso, dependiendo de la zona y el entorno, como alimento para las personas y para el ganado; al tiempo que se promueve una labor de mantenimiento y mejora de los ecosistemas.

La gestión sostenible de los cultivos y el ganado, así como la gestión de los ecosistemas, son esenciales para equilibrar las necesidades de la seguridad alimentaria y los medios de vida con las prioridades para la conservación y regeneración de los hábitats y de la biodiversidad.

El papel del agua de mar en estos casos es de suma importancia, ya que permite la mejora de suelos pobres, y la creación de bosques y praderas con plantas halófitas, que pueden formar barreras efectivas de protección frente a la erosión costera derivada del oleaje y las mareas. A largo plazo, con el tratamiento adecuado y con el empleo de especies tolerantes a la salinidad y a los terrenos pobres, es posible reverdecer zonas desérticas, mejorando la calidad del suelo y reduciendo su erosión.

Las distintas aplicaciones o usos del agua de mar en la agricultura y la ganadería o en actividades domésticas como la cocción de alimentos, la higiene personal o el saneamiento, supondrían un importante ahorro de agua dulce de hasta el 80%, añadido a los propios beneficios del uso del agua de mar, ya descritos. De esta manera se contribuye a minorar los efectos de la escasez de agua dulce que padecemos a nivel mundial.

 

 

Algunas aplicaciones del agua de mar

Algunas aplicaciones del agua de mar

Responsables del área

José Luis Vázquez Gómez

José Luis Vázquez Gómez

[email protected]

Rubén Legarda

Rubén Legarda

[email protected]

Rosalia Riambau Farré

Rosalia Riambau Farré

[email protected]